Un gobierno transitorio que viola los derechos humanos… como el anterior

ORIGINALMENTE PUBLICADO EN HUMAN RIGHTS POST

Bolivia ha transitado un cambio de gobierno con protestas sociales, denuncias de golpe y denuncias de fraude electoral. Hoy, el nuevo gobierno se niega a llamar a elecciones y, en contexto de pandemia, las tensiones crecen.

Hace no mucho salieron varias notas sobre cómo los países con mejor gestión en cuanto a la pandemia del Covid-19 eran liderados por mujeres. En esta etapa tan particular de nuestra historia en la humanidad a Bolivia nos ha tocado también estar liderada por una mujer. Pero lejos está la buena gestión, no solo de la pandemia, sino del país en general, particularmente en el área de los Derechos Humanos.

Cuando Jeanine Añez llegó al poder, estaba de salida de la política. Es bastante difícil hablar de lo ocurrido en Bolivia en noviembre de 2019. Evo Morales, el hasta entonces presidente del país, huyó hasta Argentina y un vacío de poder se sentía desde adentro. ¿Un fraude, un golpe? Se podría decir que ambos, habrá quienes prefieran una versión de la historia y que rechacen en absoluto la otra versión. Lo que sí es indiscutible, es que ya la situación era bastante irregular desde 2016. Habemos quienes preferimos decir que fue un golpe al pueblo, más que al Estado.

Desde julio hasta octubre de 2019 la Chiquitania, lo que sería conocido como la Amazonia boliviana, se incendiaba. En total 5 millones de hectáreas se quemaron en la Bolivia del presidente indígena que llevaba el estandarte de la Pachamama a donde fuera. La mentira de ese relato se olía en el humo que llegó hasta la ciudad de Santa Cruz y que en el horizonte dibujaba torbellinos de ceniza… parecía una imagen del fin del mundo, el vaticinio de algo peor.

En ese momento la gente ya estaba muy enojada, el eco internacional replicaba la idea que desde el oficialismo habían mandado: El fuego llegó desde Brasil. Nada más lejano de la realidad, más bien nuestro fuego cruzó hasta Paraguay poniendo en riesgo a indígenas ayoreos no contactados que habitan en Ñembi Guasu. El silencio de la comunidad internacional para manifestarse contra nuestro ecocidio fue sumamente doloroso. Hablaban y hablaban de Bolsonaro, pero miraban al otro lado para hablar de Morales. La sociedad no quería saber nada de los extranjeros que miraban desde lejos a Bolivia.

Es así que en las elecciones del 20 de octubre llegan las irregularidades, retrasos del conteo, etc. Y el que algunos medios internacionales hayan dado como ganador a Morales sin siquiera llegar al 80% del conteo, derramó la gota del vaso. De hecho, el presidente ganaba, pero iba a segunda vuelta. Aquel domingo inició como una jornada más de elecciones, muy familiar, como son las cosas en Bolivia. Terminó, más bien no terminó, se prolongó por 21 días en caos y descontento ciudadano. Ese tiempo fue clave para la articulación de la derecha, muy confiado el oficialismo pensó que como siempre la población no iba a hacer nada. Pero la gente ya venía organizada desde los incendios en la Chiquitania, mucho antes que sucedan las elecciones.

¿Valió la pena? Mucha gente pretende decir “éramos felices y no lo sabíamos”, pues la realidad es que éramos infelices y ahora lo somos mucho más. Porque la misma gente que se quejaba de las irregularidades del anterior gobierno, es la que hoy se está quejando de que el gobierno transitorio se aferre a la silla del poder sin siquiera tener algo de consideración por la ciudadanía. En medio de este proceso, la brecha que había se magnificó. El odio y el racismo, como discurso oficialista, y la persecución política, como instrumento de sometimiento, se hicieron los pilares del gobierno de Añez.

Arturo Murillo, el Ministro de Gobierno, que tiene una obsesión con vigilar y castigar, tiene una idea de que la solución al virus es disparando, y esa es la retórica que las diferentes autoridades usan, todo es “fuerzas del orden”. Es más, twitter bajó la cuenta del Ministerio de defensa por un post que decía que no iban a dudar en usar a las Fuerzas Armadas. Esto pasó casi los mismos días en que salió a la luz una grabación que mostraba cómo el Ministro de Defensa decía que si él quería, “en 10 minutos lo desaparecía” a un ciudadano que reclamaba el maltrato de un militar. Sentencia que en democracia no debería existir.

Como se empezaba a sentir el descontento, en un momento de la cuarentena la presidenta decidió que lo mejor sería vigilar la libertad de expresión. Entonces sacó un decreto que sancionaba penalmente la difusión de la información “escrita, impresa y/o artística” que generara “incertidumbre en la población”, dizque para luchar contra las fake news. Mal juego en su campaña preelectoral. Por qué no hay que olvidar, todavía nos deben unas elecciones, que era el único trabajo que tenía Añez. Pero le gustó la silla, y ahora es incluso candidata.

Afortunadamente, en ese tema sí hubo mucha presión. La CIDH se llegó a manifestar y le recordó, que la desinformación se combate con mayor acceso a la información. Entonces decidieron bajar ese asunto. Pero ya la gente se veía interpelada por estas acciones, el desencanto político iba creciendo.

Con la biblia en mano, haciendo espectáculos religiosos aéreos, sacando a policías y militares a ¿bailarle a la gente? en las calles, diciendo que terapias intensivas y respiradores no son tan necesarios porque “Dios está siendo generoso con Bolivia”, vamos más de 20 mil contagiados por Covid-19 en todo el territorio nacional. Ya pasamos por tres ministros de salud y se pagaron excesivo sobreprecio unos respiradores, que “solo Dios sabe” dónde estarán.

El Embajador de ciencia y tecnología, quien se infló el pecho de hacer esta “gigantesca compra para salud”, terminó huyendo a Estados Unidos. Ya que de repente se olvidó que él lideraba la “mayor compra para salud en Bolivia”. La canciller dijo que no sabía dónde estaba, pero que estaba en receso, pero estaba buscando acelerar unas compras en el país del norte, pero no estaba trabajando, pero, pero, pero… Finalmente, el susodicho dijo que sus funciones en el gobierno había terminado. ¿Cuáles eran sus funciones? Nunca lo sabremos.

La corrupción es un mal muy arraigado en Bolivia.

Lo que sí están haciendo, y a pasos gigantescamente acelerados, es seguir con el plan de incendiar Bolivia. Quieren aprobar en 40 días, unos estudios para aceptar transgénicos en el país y legalizar los que ya hay, pensando en la “seguridad alimentaria”. Y usan todos los recursos estatales para hablar bien de ellos y hacer propaganda. Como estamos en cuarentena, no podemos salir a manifestarnos. ¡Qué tiempo más conveniente para el agronegocio! Todos tuvimos que estar en cuarentena, menos el extractivismo.

En estas fechas hay más incendios de los que había el año pasado por estos días.

En tanto, la irresponsabilidad gubernamental continúa. Los muertos se están acumulando en las calles. Es cierto, no hay muchos centros de salud, porque durante los años de bonanza económica nos dijeron que las canchas de fútbol eran como hospitales. Pero sabiendo eso, nos dijeron en principio que no pasaba nada, que nos despreocupemos. Luego, pasaron tres meses para que prepararan algo con los recursos que contamos, pero solo se pusieron a robar o a orar, a usar los aviones de la Fuerza Aérea para trasladar misses y amigos de la hija de la presidenta por su cumpleaños.

Todo muy irregular, como el anterior gobierno. Son diferentes caras de la misma moneda, solo que a este, nadie lo eligió.