Hackear la Pandemia v 1.1


Estrategias Narrativas en Tiempos del COVID-19
Un virus ha puesto en jaque el sistema económico – social – espiritual hegemónico. La pandemia del COVID-19 logró frenar en seco la cotidianidad de una parte del mundo, pero también puso de manifiesto el alcance de las desigualdades sociales y la enorme tendencia a la concentración de la riqueza.

Las grandes empresas eligen las ganancias por encima de la salud, los gobiernos continúan sus políticas de despojo institucional, mientras los medios de comunicación impulsan el miedo y una narrativa apocalíptica. Los sistemas de opresión quieren hacernos pagar la continuidad de su existencia con nuestras vidas.

El presente documento es parte de un ejercicio de síntesis y sistematización de las narrativas dominantes que han pasado por nuestro radar y hemos visto reproducirse en tiempos de pandemia; también están los anticuerpos, las reflexiones, discusiones y sueños con las que nos hemos cruzado en las últimas semanas. Esperamos que sirva para iniciar una reflexión colectiva: ¿qué es lo que este momento requiere de nosotres? Como narradores, cuenta cuentos, artistas, comunicadores, radialistas, periodistas, hackers culturales, tenemos una responsabilidad sumamente importante en la crisis extendida que se avecina: hacer de lo radical un sentido común, crear relatos que agrieten los muros, que abran la ​imaginacción​ para crear otros futuros posibles.

La Narrativa Hegemónica:
1. Invisibiliza las razones estructurales de la crisis. Promueve la idea de que este virus ‘no
discrimina’, ‘es una amenaza para todas las personas’ del planeta y ‘es la causa’ del sufrimiento que estamos por vivir. Invisibiliza que los impactos económicos y demográficos dependen de vulnerabilidades preexistentes del sistema: el ‘desarrollo del primer mundo’ a partir de la explotación colonial, cuarenta años de políticas neoliberales, cincuenta años en donde la expansión del capital ha extinguido el 60% de la biodiversidad en el planeta, el desmantelamiento de los sistemas de salud y seguridad social, la sobrecarga de los cuidados de los enfermos en las mujeres, las enfermedades crónicas debido a un modelo industrial de alimentación, el envenenamiento del agua y el aire, la privatización del agua que tiene al 40% de la población mundial sin posibilidad siquiera de beber o lavarse las manos. En enero de este año, 2153 ricos concentran la misma riqueza que 4.600 millones de pobres (60% de la población mundial). El virus no discrimina, pero la desigualdad estructural sí.

Existen artículos y estudios científicos que muestran que los virus que se diseminan en estos tiempos están directamente asociados a la destrucción de los ecosistemas, a la deforestación y al tráfico de animales silvestres para la instalación de monocultivos.

Sin embargo, la narrativa de la pandemia la muestra como enfermedad no como síntoma. Ni en los discursos de los políticos, ni en los medios de comunicación masivos se nombra la necesidad de un cambio radical en las relaciones entre las personas y con el planeta.


2. Infunde miedo y pánico. ​La narrativa del miedo a lo desconocido. En un mundo donde el pánico se extiende y ‘viraliza’ en tiempo real, una ‘enfermedad mortal sin cura’ se convirtió rápidamente en el la monohistoria, narrada en múltiples formatos. Los medios de paga buscan los encabezados alarmistas que pueden generar más clicks, los gobiernos occidentales impulsan narrativas racistas y de miedo al otro, la infraestructura de las fake news genera desconcierto y desinformación, los monopolios del internet muestran con cinismo su vigilancia masiva, los filósofos mainstream invocan caídas de sistemas y pintan futurismos distópicos. El miedo y la sobresaturación de información ha generado un momento de ansiedad colectiva, compras masivas de armas, acaparamiento de productos de necesidad básica, violencia y discriminación racista, clasista, patriarcal.

3. Impone un estado de excepción. En este contexto, los Estados Nación han aprovechado para imponer medidas restrictivas y punitivas, desde toques de queda, detenciones, militarización de las calles, vigilancia extrema online y offline. En la lógica de ‘lo hacemos por tu bien’, se abre la posibilidad de un estado de excepción como vida cotidiana, se promueve una narrativa de ‘te estamos protegiendo de ti mismo’. Los gobiernos nos exigen abandonar las calles y piden obediencia a cambio de salvación.

4. Reproduce un discurso de guerra. ‘El enemigo común es el virus’ han dicho presidentes, militares, médicos, analistas políticos, organismos internacionales y se han declarado en una guerra abierta contra el COVID-19. Desde esta narrativa se refuerza la idea del ‘hombre en guerra/dominación de la naturaleza’ y el antropocentrismo que nos separa de la red de la vida. El discurso bélico oculta las raíces del problema, ataca al virus, pero no las causas profundas de la enfermedad que tienen que ver con el modelo de sociedad instaurado por el capitalismo neoliberal y la expansión de las fronteras de explotación en todos los rincones del planeta. Este ‘enemigo invisible’ es una metáfora que sirve para fortalecer los discursos nacionalistas-totalitarios, cierre de fronteras para las personas, promueve la economía de guerra en donde se generan fondos billonarios para ‘hacer frente a las consecuencias’ de la pandemia.

5. Justifica la militarización. En algunos territorios en donde la militarización viene sucediendo desde hace años, la narrativa de la pandemia ha justificado el despliegue de tropas en comunidades con conflictos históricos de tierras, megaproyectos, extractivismo, privatización. En otros países fortalece el poder político-económico de las estructuras militares que administran o ‘resguardan’ las instituciones. Pero no hay que perder de vista que no es exclusivo del sur global, en Europa se han desplegado decenas de miles de soldados -entre ellos estadounidenses-. Conforme van pasando las semanas y los Estados Nación occidentales demuestran su inoperancia, comienzan a crecer las inconformidades, los llamados a desobediencia, el enojo que posiblemente desemboque en movilización social masiva alrededor del mundo. Y la historia demuestra que los ejércitos no son para proteger al pueblo.

6. Impera un discurso economicista. ​En un sistema donde el imperativo es el crecimiento económico por encima de la vida, una de las narrativas más presentes son los ‘efectos’ de la pandemia sobre las economías nacionales y globales. Por un lado, empresas y gobiernos que han decidido priorizar la salud de la economía por encima de la salud de las personas, también el anuncio de la recesión global y una serie de medidas de rescate económico drásticas que implican exenciones fiscales, el rescate de bancos, transnacionales y empresas privadas ‘por el bien de todos’. La metáfora de la economía convaleciente invisibiliza que el sistema económico es la enfermedad: el crecimiento infinito en un planeta finito.

7. Promueve un distanciamiento individualista. Ha recaído la responsabilidad de la
expansión de la pandemia en el individuo, la narrativa de ‘quédate en casa’ y la ‘sana
distancia’ corre el riesgo de transformar a toda persona en un posible contagioso y todo
contacto humano en un posible riesgo. Esto exacerba el individualismo y fortalece la
Otredad.​ Los efectos de esta narrativa en lo inmediato es ensanchar las diferencias
sociales: aquellos que no tienen el privilegio de aislarse serán culpados cuando
enfermen, aquellos que se enfermaron serán estigmatizados. Cada vez más esos ​Otros
serán quienes ya están en circunstancias de desigualdad, elegir entre las vidas de los
abuelos y las nuestras, elegir entre nuestra vida y la del vecino. La pandemia cierra la
vida cotidiana, intensificando la precariedad de las personas sin hogar, de los sin
seguridad social, de los pobres.

8. Promete regresar a la normalidad. Nos recetan como medicina la causa de la
enfermedad. Fortalece la idea de que el ‘statu quo’ es estar sanos y culpan al virus de la
crisis social y económica. La promesa de ‘volver a estar bien’ impulsa la lógica de una
responsabilidad colectiva para mantener vigentes los sistemas hegemónicos sociales,
políticos y económicos. La medida del bienestar es la de un sistema económico fuerte,
que las empresas mantengan los trabajos precarizados, que los gobiernos recuperen su
estabilidad, que volvamos a pagar rentas, electricidad, deudas bancarias, que (quienes
tenemos) no perdamos nuestros privilegios.

9. Resuelve la crisis a partir del consumo. Con la narrativa de ‘los mercados tienen
miedo’, ‘la economía está enferma’, se asume una responsabilidad colectiva de ‘curar’,
’rescatar’, ‘fortalecer’ al sistema económico para que vuelva a su crecimiento ‘natural’.
Están las empresas y gobiernos de racionalidad egoísta que han optado por la vía del
cinismo justificando ‘servicios de uso primario’ la explotación laboral, continúan
operando sin medidas sanitarias mínimas, cosa que ha llevado a indignación popular y
en algunos casos a huelgas. Pero también está el ‘activismo empresarial’, que usa la
catástrofe para publicitarse y quedar bien parado por ser socialmente responsable. Los
bancos que aplazan las deudas, las empresas que donan equipo médico y ponen sus
logos en los hospitales, las startups millonarias que saben que dependen del
consumismo compensatorio para seguir existiendo. Pero aquí hay un punto neurálgico
narrativo, las economías capitalistas están impulsadas en un 70 u 80% por el consumismo, la pandemia está obligando a voltear hacia las necesidades más básicas.


10. Coloniza nuestra imaginación. El Apocalipsis es un disciplinamiento de la
imaginación. Pensadores, filósofos, religiosos, opinadores en los grandes medios nos
venden la idea de que el modelo hegemónico es incuestionable. Cierran el margen de
los deseos y posibilidades. Invisibilizan otras formas críticas y radicales de pensar-hacer.
Esta película la hemos visto antes, hemos leído textos religiosos que la anuncian; es más
fácil imaginar el fin del mundo que el fin del colonialismo-capitalismo.
Nuestra imaginación está colonizada por una narrativa que predice el fin lineal de la
historia; es más fácil culpar a un virus por la catástrofe que hacernos responsables por el
modelo de mundo que tenemos, sustentado en la explotación de tierras y vidas
robadas. La narrativa hegemónica hace uso de símbolos e historias preconcebidas,
metáforas muertas, verdades absolutas asentadas en nuestras mentes a base de
repetición. Pero la parálisis de este mundo nos permite escuchar con atención: hay
pueblos que estaban aquí mucho antes, que nos dicen que el mundo ya se ha acabado
en tiempos pasados y estos fines han sido lecciones que no debemos olvidar.


Hackeo Cultural
1. La desigualdad es la pandemia – hackear los sistemas de opresión.
Los sistemas de opresión: patriarcado, colonialismo, capitalismo, racismo, son causas de los efectos de la pandemia. En la narrativa hegemónica se produce un monocultivo de
historias sobre el ‘blanco del norte global’ o del ‘clasemediero urbano’. Hacemos un
llamado a crear narrativas que no invisibilicen, victimicen y precaricen más a la
diversidad de personas y territorios, se puede narrar desde la dignidad. Convocamos a
mostrar las constelaciones de historias en medio de la pandemia, es importante hacer
visibles los sistemas de opresión, pero sobre todo las alternativas que florecen en medio
de la emergencia.
Los movimientos de mujeres organizadas tejen redes de solidaridad y cuidado mutuo,
narrativas rebeldes que rompen las estructuras de desigualdad en un momento donde
el confinamiento exacerba las violencias machistas. Comunidades indígenas comparten
medicinas, prácticas agrícolas y cuidados de la tierra, narrativas de resiliencia y
capacidad sanadora para un planeta herido.


2. La comunidad es territorio de lucha – hackear el hogar.
Otra estrategia narrativa es reflexionar y accionar desde espacios que resuenen con la
localidad, la vida cotidiana y reafirmen que los saberes locales son legítimos. Sabemos
que tanto la pandemia, cómo la recesión, tendrán efectos en el día a día: enfermedad,
escasez de agua, hambre, aumento de canasta básica, endeudamiento, aumento en
costos de transporte, cortes de servicios, desempleo; en esta crisis el hogar se ha
convertido en el primer territorio a defender (es allí también donde muchas violencias
del patriarcado y el capital se hacen evidentes). Han surgido movimientos que se acuerpan alrededor de la crisis de hogar: cancelación de pago de renta y servicios
básicos, aplazamiento/cancelación de deudas, ingresos básicos -o redistribuciones de
los recursos colectivos-, permacultura urbana, grupos de solidaridad para suplir las
carencias del Estado, iniciativas de apoyo mutuo en barrios y comunidades.
Una estrategia de largo plazo es seguir impulsando la acción local y ayudar a tejer
desde ahí la interdependencia global. 2019 nos mostró que los alzamientos en diversas
regiones del planeta suceden cuando el desborde donde la vida cotidiana choca con el
sistema del capital. Por ello la rebelión desde lo cotidiano es radical, transforma de raíz
la estructura social y económica, impulsa la autonomía y la redistribución de la riqueza.


3. No queremos volver a la normalidad – hackear al status quo.
‘Porque la normalidad es el problema’ se leía durante las revueltas chilenas. Este es un
ejercicio de imaginación y pensamiento crítico importante. Implica cuestionar cuáles son
las estructuras de opresión que reproducimos cotidianamente: con las historias que
contamos, con nuestro modelo de vida, con nuestros privilegios, con nuestros prejuicios,
con nuestros discursos, con nuestras acciones, con nuestros silencios. Es un llamado a
convertir la auto-crítica en narrativas rebeldes.
También implica imaginar por fuera de las estructuras que actualmente gobiernan
nuestras vidas. ¿Por qué seguimos dirigiendo nuestros esfuerzos en exigirle libertad a
estructuras de opresión? Existen suficientes pruebas para demostrar que el modelo de
Estado Nación está sustentado en aniquilar la diversidad natural y cultural; que muchas
‘democracias’ modernas son una herramienta de legitimación del capital; que la idea de ‘progreso’ de las naciones ‘desarrolladas’ está basado en la explotación colonial; que la
‘izquierda progresista’ en el poder también es extractivista; que el sistema económico
hegemónico beneficia al 1% y crea la desigualdad estructural que estamos viviendo.
La prioridad sigue siendo exigir una vida digna, defender los territorios con todas las
estrategias posibles y descentralizar el poder, pero hacemos una invitación a tener
claras cuales son las limitaciones de los sistemas hegemónicos y no pedirle peras del
olmo. La idea de ‘reformar’ el sistema estuvo vigente por muchos años, pero las realidad
que vivimos demuestra que los cambios estructurales son urgentes. Hay que tener
cuidado, no todo cambio es bueno para nuestras comunidades y ningún cambio es
permanente. En tiempos de ‘inestabilidad’ y ‘transformación’, ¿cómo disputamos la
lógica que le da sentido a la normalidad? ¿cómo apuntamos a los cambios estructurales
que requieren tiempo, esfuerzo y acción colectiva?

4. Radical porque echa raíz – hackear desde las alternativas.
Estamos tan acostumbrades a responder a coyunturas políticas y a los tiempos de
“arriba”, a defendernos de la violencia y a denunciar la opresión cotidiana, que nos
cuesta trabajo nombrar los retoños que crecen en las grietas de ese muro. La crítica
estructural y las alternativas radicales van de la mano.


5 En tiempos de pandemia, una estrategia efectiva es abonar a aquellas soluciones
viables que pueden resolver necesidades básicas a la vez que desmantelan estructuras
opresivas. Al contrastar las alternativas con la crisis, sugerimos tratar de cuestionar: ¿es
bueno para mí? ¿es bueno para mi comunidad? ¿es bueno para el planeta? Parte de esta
reflexión, nos lleva a reivindicar diversas labores que son esenciales para la vida:
A) Alternativas de salud
B) Alternativas de vivienda
C) Alternativas de gestión y distribución del agua
D) Alternativas de producción y distribución de alimentos
E) Alternativas de soberanía energética y energías renovables de gestión comunitaria
F) Sistemas económicos basados en solidaridad
G) Sistemas de auto-gobierno y autonomías locales
H) Luchas en defensa de la vida y los territorios
5. La solidaridad es la salud del pueblo – hackear desde la reciprocidad.
La narrativa hegemónica oculta la solidaridad entre los de abajo y promueve una caridad
vertical y desigual. Hay que prestar especial atención en no fortalecer el solucionismo
de las ONGs, la capitalización tecnológica a través de apps y plataformas que están
estrechamente vinculadas al mercado y a la minería de datos, los apoyos de la inversión
privada que esperan paquetes de rescate a cambio, el endeudamiento que fortalece al
sistema bancario, y el paternalismo del Estado. Es importante no centralizar, regular o
capitalizar la solidaridad; sino promover la participación del individuo por el bien común.
Es igualmente importante la salud de la comunidad, la mía y la de mi familia; la potencia
de lo colectivo y lo común son el antídoto a la hiper-individualización que sostiene a
este sistema de opresiones. Es importante tejer narrativas que impulsen otras formas de
medir el bienestar, en donde mi salud depende de la salud de los demás, en donde se
evidencia la inter-dependencia entre las personas y los territorios. La solidaridad es
parte de nuestra humanidad y no es un discurso institucional. La historia nos recuerda
que en momentos de crisis, la solidaridad que se transforma en responsabilidad genera
cambios estructurales.


6. La vida es más importante que el dinero – hackear la lógica del capital.
Tanto las medidas de prevención de cuarentena como la recesión económica que está
por venir, nos permiten mirar y enfocarnos en lo esencial que necesita la vida para
reproducirse: agua, alimentación, vida digna. Un meme lee: “es interesante cómo
colapsa el sistema económico cuando las personas consumen sólo lo necesario.”
Los millonarios se quejan de la pérdida del 15 a 20% de su capital este año, pero tienen
recursos para vivir 15 o 20 vidas. La población que vive al día no necesita una pandemia
para saberlo, pero aquelles con más privilegios necesitan entender por qué es esencial
defender el agua, defender la agricultura, defender los territorios. Es buen momento
para cuestionarnos como sociedades: ¿cuales son las actividades humanas de las que
realmente dependemos? ¿cuales son prioritarias? ¿quienes son las personas que las
ejercen? Es momento de respaldar las demandas de aquellas personas que trabajan en
condiciones de esclavitud pero son quienes mantienen nuestra vida cotidiana. Es tiempo
de promover la responsabilidad colectiva de defender lo común.


7. Existir sin destruir – hackear la lógica del consumo.
Una vez que revelamos cuáles son las necesidades fundamentales para la vida, es
momento de cuestionar de nuestras ‘formas de ser y existir’. Se ha hablado de ‘aplanar la
curva’ como una metáfora para detener la expansión del COVID-19, pero el capitalismo y
sus consecuencias tienen un comportamiento similar: crecimiento exponencial sin
control. Las economías capitalistas dependen de un 70 u 80% del consumo masivo, eso
quiere decir que este modelo de explotación está sustentado en el estilo de vida de las
personas con más privilegios.
La vida urbana moderna impone un modelo aspiracional, hipervisibiliza al individuo pero
invisibiliza la diversidad, y en conjunto con la atomización social, aislamiento espiritual, la
acumulación de riqueza y el poder en los sectores más privilegiados, son combustible
de esta máquina de muerte. Pero, por primera vez en la historia reciente, la máquina se
detuvo por un instante. Como parte de la narrativa de guerra, se convocará
masivamente a ‘consumir’ para ‘reactivar la economía. Es tiempo de hackear esa lógica y
eso empieza por asumir la responsabilidad de cambiar los hábitos de consumo que nos
consumen, visibilizar las alternativas de vida digna y las posibilidades de economías
basadas en el cuidado entre las personas y el cuidado del planeta. En el espacio urbano,
es importante practicar la cooperación, la ayuda mutua, la simple hospitalidad entre
vecinos.

8. La emergencia no ha terminado – hackear la crisis climática.
La pandemia es la historia del momento, la recesión económica que le sigue será igual
de devastadora y quizá menos mediática; pero la crisis sistémica ya estaba aquí y sus
síntomas más destructivos se sienten en todo el planeta. Está pronosticado que si las
emisiones de gases de efecto invernadero no se reducen drásticamente en 10 años
vamos a rebasar un límite de 1.5 grados de calentamiento global, para 2050 el daño sería
irreversible y para 2100 el planeta podría ser inhabitable por la especie humana. Las
niñas y los niños que están naciendo hoy ya están viviendo las consecuencias de esta
crisis climática.
Este desequilibrio en el planeta genera grandes sequías, así como fenómenos
ambientales catastróficos; los polos se derriten, el mar se acidifica; hay grandes
incendios en los pulmones del planeta; guerras por el agua, hambruna, migraciones
masivas de personas desplazadas por los efectos de la crisis. Está demostrado por los
mismos organismos internacionales que el ‘crecimiento verde’ y los tratados
internacionales para mitigar el cambio climático, no son ni de cerca suficientes. El crecimiento económico sin fin y la vida en el planeta no son compatibles.
Hay que ser cuidadosos en no reproducir narrativas ​ecofascistas como ‘la humanidad es
el virus’ o ‘esto disminuye la sobrepoblación’. Para aplanar esta curva se requiere una
transformación de la vida cotidiana y un freno al sistema económico parecido al que se
ha generado con la pandemia del COVID-19 en el norte global.
Los principales responsables de las emisiones de carbono per capita son Europa y
Estados Unidos. Ahora, por primera vez están experimentando en su cuerpo y su
cotidianidad lo que implica frenar momentáneamente el privilegio que nos está
matando a todes.


9. Corazón del cielo y corazón de la tierra – hackear el antropocentrismo.
La lógica del ser humano como dominador de la naturaleza tiene su fundamento en la
cultura occidental que pone al hombre blanco heterosexual como centro del universo.
Por sus orígenes jerárquicos y patriarcales, la tradición occidental carece de empatía
hacia los seres no humanos, así como hacia otros humanos.El mundo fue creado
alrededor de él, la mujer de su costilla y por lo tanto todo existe para su beneficio. Qué
pasa cuando a esta metáfora le aplicamos las preguntas ¿es bueno para la persona? ¿es
bueno para la comunidad? ¿es bueno para el planeta?
El hecho de que el antropocentrismo sea una narrativa dominante, no quiere decir que
sea la única: existen otras formas de ser y existir, otros mundos, otras epistemologías. Sin romantizar ni homogeneizar las metáforas de otras culturas, vemos que diversos
pueblos que occidente nombró como ‘indios’, han existido y coexistido con sus
territorios por miles de años. No es casualidad que el 80% de la biodiversidad del
planeta se encuentre resguardado en territorios ‘indígenas’.
La cosmología del pueblo k’iche’, uno de los pueblos mayas que habitan en
mesoamérica, entiende al universo como un cuerpo vivo: en lo ejes cardinales están el
sol, el agua, la tierra, el aire y en el centro -no está el hombre-, están el corazón de cielo
y el corazón de la tierra. En el territorio llamado Guatemala, el pueblo de Totonicapán
cumple 200 años de haber recuperado sus bosques de la corona española, el cuidado
comunitario de su territorio permite el nacimiento del agua que irriga gran parte del país.
Como este, existen miles de pueblos con metáforas en donde las personas son parte de
un sistema vivo e inter-dependiente. Son los pueblos que durante la pandemia siguen
defendiendo la vida. ¿Qué nos dice eso sobre su forma de entender el mundo, sobre su
forma de organizar y reproducir la vida? ¿Qué podemos aprender de aquelles que
pueden existir sin destruir? ¿Qué responsabilidades podemos asumir con elles?


10. Futuros ancestrales – hackear el fin del mundo.
Los pueblos ‘indígenas’ son quienes han vivido bajo asedio y bajo las violencias más
terribles en los últimos 500 años, muchos fueron erradicados con epidemias inducidas
por los colonizadores; su vida, lengua, formas de ser y existir han intentado ser desaparecidas por la cultura dominante que hoy está colapsando
Parte de los aprendizajes que nos legaron las culturas que nos precedieron y que siguen
aquí (quizá seguirán existiendo cuando todo esto ‘se acabe’), es que han aprendido las
lecciones de otros finales del mundos, anteriores a este. Esos saberes informan la
relación presente entre las personas, los territorios y el tiempo. Hay cosmovisiones que
no conciben un presente sin pasado ni futuro, en donde los que ya transitaron estas
tierras, los que las habitan y las generaciones que están por venir son en un mismo
tiempo, un tiempo que no está fragmentado: un tiempo cíclico.
La pandemia reproduce una de las lógicas más terribles: nos dicen que llegará un
momento en el que tengamos que elegir entre los viejos y los jóvenes. ¿Qué sería de un
mundo así? Hoy más que nunca es necesario crear espacios de intercambio entre las
abuelas, abuelos y aquelles que vamos a heredar sus saberes. Parte de las estrategias
más efectivas para dislocar la narrativa del fin del mundo, es quitar el velo de miedo que
nos impide ver otros horizontes. ¿Cuánto tiempo más vamos a mantener a este sistema
anti-vida? ¿Después del mundo como lo conocemos, qué sigue? ¿Cómo hacemos
puentes entre los saberes ancestrales y las esperanzas del futuro por venir?


Pie de página:


Las historias le dan forma al mundo. Creemos que el trabajo de tejer relatos puede
ayudar a crear los nuevos sentidos comunes que emergen en estos momentos de crisis,
donde se disputa la lógica de la vida cotidiana pero también los significados de nuestra
existencia misma.


La intención de estas reflexiones, es compartirlas con aquelles que lo encuentren útil en
su trabajo como narradores, no intentan ser verdades ni adoctrinar a nadie, tomen lo que
les sirva y cuestionen lo que no resuene. Hay datos y referencias textuales que hemos
decidido no citar, puedes usar buscadores en línea -de preferencia que no minen tus
datos- para ubicarlos fácilmente. Ninguna idea es nuestra; pueden compartirlas
libremente, copypastearlas, malinterpretarlas, remezclaras o ​proponernos cambios o
adiciones​.


*Hackeo Cultural: Hacer de lo radical un sentido común. Narrativas insurrectas de
código abierto. Defender la vida y el territorio; desarticular los sistemas de opresión un
meme a la vez. Viva la cultura libre y los gifs de